Para algunas personas el Internet ha sido la herramienta para una de las experiencias más tristes de sus vidas, la infidelidad. 

Palabras como chat, facebook, twitter y mail son parte del vocabulario cotidiano que manejan millones de personas en el mundo. Internet generó una revolución mundial en todos los ámbitos de la vida de una persona ocasionado, entre otras transformaciones,  nuevas formas de establecer vínculos.

Para algunos, puede ser positivo tener todo más cerca, a un “clic” de distancia. Y en el ámbito amoroso, son millones los casos de personas que se han conocido en salas de chat, han creado encuentros románticos, mientras que otros se han casado. Sin embargo, para algunas personas Internet ha sido la herramienta para una de las experiencias más tristes de sus vidas: la infidelidad.

Infidelidad por Internet

FANTASÍAS POR INTERNET

Hombres y mujeres que han gestado nuevas relaciones amorosas por Internet, se excusan argumentando que no son infieles, ya que no hay contacto físico al principio, en algunos casos. No obstante, los “affaires” que se producen en la red están cargados de los mismos componentes emocionales y físicos de una relación real, como los secretos, fantasías, frustraciones, excitación, discusiones, entre otros aspectos.

La persona que está siendo infiel se enfrenta a la culpa, temor y angustia producto de sus acciones. En tanto, la pareja que descubre esta situación siente una inmensa tristeza, se cuestiona en qué falló y duda muchísimo si califica o no la situación como infidelidad.

FACEBOOK REVIVE EL PASADO

Carolina conoció a Gonzalo en la universidad. Al principio fueron amigos, pero de a poco se empezaron a gustar y finalmente se enamoraron. A pesar de la gran atracción que sentían, del cariño y de la complicidad que disfrutaban,  nunca pasó nada porque ambos tenían novios.

Pasaron los años, salieron de la universidad y perdieron el contacto. Carolina tuvo un hijo y decidió continuar con su novio y formar una bella familia. Gonzalo se casó y tuvo dos hijos. Pero el tiempo y las vidas que cada uno llevaban, no eran suficiente para olvidarse de lo que sentían.

Un día Carolina prende su computador, revisa su correo y ve un mensaje de alerta en el que Gonzalo le pide aceptación para Facebook. Ella se demoró dos semanas en responder la solicitud, porque sabía que todo cambiaría.

Empezaron a comunicarse, a llamarse por teléfono, a escribirse correos. Se juntaron y se dieron cuenta que ambos sienten lo mismo que hace diez años atrás y que gracias a Facebook lo están reviviendo.

SALA DE CHAT:

“ENTRÉ PARA SABER CÓMO ERAN”

Patricio se acuerda que un compañero de oficina siempre le contaba que tenía muchos amigos del “chat”, que salían, que iban a fiestas y que conocía varias mujeres. Patricio no se mostró muy interesado, ya que llevaba saliendo con una chica ya dos años y decía que estaba bien con su relación.

Pero era tanto el interés que mostraba su compañero, que un día no pudo más con la curiosidad y se metió a una dirección que le recomendaron. Al principio lo encontró aburrido, nada del otro mundo y no tenía mucho que conversar con los participantes.

Un domingo prendió el computador y se metió a la sala de Chat en la que había metido durante las dos últimas semanas sin conocer a nadie aún. Esa noche le llegó un mensaje privado de Pola y sin darse cuenta se fue a acostar cerca de las cinco de la mañana, luego de una animada conversación.

Luego de semanas de conversaciones con Pola, Patricio le comentaba a su compañero lo que estaba pasando y que no se sentía bien, porque algunas veces prefería pasar más tiempo chateando con una desconocida, a estar con su novia.

El complicado hombre decidió conocer a Pola. Quedaron de juntarse en un café y al igual que sus conversaciones por chat, esta cita se prolongó por varias horas, días semanas y meses. Patricio está con dos mujeres a la vez y lo que partió como virtual, ahora es una realidad.

LA SINIESTRA CÁMARA WEB

Juan, 40 años, casado y con dos hijos, no estaba muy al tanto de lo que era Internet, hasta que un primo le contó las maravillas que se podían hacer con un computador, una cámara web y una conexión a Internet. El hombre asistió a las primeras citas con la red a la casa de su primo y no pasaron más de tres meses y Juan se equipó con un excelente ordenador.

Infidelidad por Internet

Al poco tiempo Juan se convirtió en un experto de la computación, olvidando que sus hijos también lo eran y que podían rescatar conversaciones y direcciones de Internet antes visitadas.

Un día Juan llega a su casa preparado para ingresar al paraíso de Internet y descubre a su mujer furiosa frente a la pantalla y con su hijo al lado. Habían quedado al descubierto las largas horas de conversaciones subidas de tono que su marido tenía amigas virtuales.

(Sí, los nombres son inventados para dar cohesión al texto 😉