ESPEJITO, ESPEJITO;

¿QUIEN ES LA MAS MUJER MAS BELLA EN ESTA CASA?

A veces los Cuentos de Hadas encierran más sabiduría de la que nos podemos imaginar. ¿Quién no ha leído  el cuento de  Blanca Nieves y los 7 enanitos del bosque?. Pero qué sintió la madrastra de Blanca Nieves cuándo preguntó: “Dime  espejito quién es la mujer más bella? y el espejito le respondió: “Blanca Nieves”?

La madrastra montó en cólera y llamó a un labrador y la mandó matar. ¿Qué nos quiere decir este cuento? Que por supuesto puede existir envidia, celos, rivalidad, competencia entre madres e hijas, pero, ¿qué representa esa juventud para la madre? ¿Es fácil para una madre aceptar que aquella belleza y juventud de su hija paradójicamente representa la pérdida de la de ella?

Pero no es solo belleza es también la competencia en los diferentes aspectos como la inteligencia, simpatía, deseabilidad etc.

La relación madre e hija es sumamente compleja, y más aún cuando  la madre es joven y la hija  también.

Como ya hemos señalado no solo tenemos sentimientos positivos sino también negativos. La madre se alegra de la belleza de la hija pero al mismo tiempo se confronta con el hecho de que ella va dejando de ser la reina y su hija ocupará ahora el lugar ,con toda su juventud, frescura y lozanía, y con toda una vida por delante. La madre a su lado, ve a esta niña que ahora ya es una jovencita que de alguna manera le vuelve a hacer pensar en su vida, en lo que hizo, en lo que dejó de hacer, lo que le gustaría hace. Quizás así sin querer es como que la madre entra en  una competencia.

Madres jóvenes con hijas

Las madres no quieren perder su rol de madres, este es quizás unos de los temas más complejos, dejar de ser referentes, no ser lo más importante para su hija, que lo que la madre dice, es lo que debe de hacer la hija, y el popular dicho:

“no hay nadie que te quiera más que yo” o que “desee lo mejor para ti”

Es cierto, la madre ocupa un lugar privilegiado en el mundo interno de su hija. Pero nuestra tarea es justamente renunciar a nuestros propios deseos para que aparezcan los de nuestra hija. La madre debe de estar lo suficientemente cerca pero también lo suficientemente lejos.

Es cierto que muchas madres confunden su rol, con el rol de la amiga.

En este afán de amistad, buscan a las amigas de sus hijas, se hacen sus amigas para estar más cerca.  No es así, la madre ocupará el rol de madre: de amor, referente, seguridad, guía, apoyo etc.  No es la amiga por razones obvias: no viven el mismo momento de desarrollo, ni tienen las mismas necesidades emocionales. La amistad entre pares es uno  de los aspectos más importantes del ser humano.  Es sentirse capaz de ser importante para otra persona, de ser solidario, de entender los  problemas del otro, capaz de renunciar a deseos o necesidades mías por el bienestar de la otra persona.

De igual manera la sobre exageración de la preocupación es otra manera de anular a la hija. Es hacerla sentir que sin ella la hija no podrá hacer nada…

Muchas madres van a buscar en sus hijas una segunda oportunidad; todo lo que no hicieron o se equivocaron quisieran repararlo a través de ella. No la dejan a la hija libre para que ella aprenda. Pero es necesario equivocarse para aprender.

Se da también el caso de madres que, en un giro egocéntrico, se sienten orgullosas por el éxito o los logros de su hija; pero no tanto por la hija misma, sino por ellas; ya que así se sienten orgullosas de su obra.

La relación de competencia madre-hija es normal; aún con sus ambivalencias. Pero cuando el cauce de esta competencia se disfraza mucho y no se asimila, los sentimientos siguen una ruta inconsciente y tiene un potencial destructivo mucho mayor. De ahí la importancia de la interacción comunicativa, del diálogo. No se trata solo de hablar, sino de desarrollar el hábito de esclarecer lo que sentimos, con la participación del otro.

Para algunas madres la forma de competir es más sutil; es a través de la indiferencia. No eres lo suficientemente valiosa para ocuparme de tí. Indiferencia que abruma, asusta,  desampara. Nos lleva a nuestras angustias más primarias.