El sexo nunca ha sido solo cosa de jóvenes, aunque así lo parezca. Los que ya han pasado los 60 años también tienen deseos, fantasías y una vida sexualmente activa, igual que el resto.

Al hablar de sexo nos imaginamos cualquier cosa menos que nuestros abuelos también lo practiquen, y quizás con más frecuencia de la que pensábamos. Se cree que a los mayores de 60 años ya no les interesa el tema o que los problemas de salud los mantienen impedidos. Pero la realidad es diferente, ellos sí tienen una actividad sexual satisfactoria hasta edades muy avanzadas, sobre todo si es que ambos están saludables.

Sexualidad en la tercera edad

El Estudio Nacional de Comportamiento Sexual asegura que:

  • El 71,6% de los hombres de 65 a 69 años declaró haber tenido una pareja sexual en los últimos 12 meses.
  • El 7,1% de ellos afirma que tuvo incluso más de dos.
  • Un tercio de las mujeres de esa edad reconoce haber tenido pareja sexual.
  • Las mujeres de 60 a 64 años, que mantienen vida sexual activa, manifiestan tener en promedio 3,4 relaciones sexuales al mes y los hombres de la misma edad 5,7.
  • De 65 a 69 años, ellas dicen tener 1,7 encuentros sexuales mensualmente y los hombres cinco.

 

CUANDO LA EDAD PASA LA CUENTA

Al envejecer la función sexual disminuye, pero no significa que desaparece la necesidad de intimidad, cariño y afectividad con la pareja. En el caso de las mujeres este término se debe ¬–la mayoría de las veces– a la muerte del marido. Pero también hay otras causas como la pérdida de su privacidad, una actitud negativa de sus familiares en cuanto a expresión de su sexualidad y la pérdida de la autoestima, sintiéndose poco atractivos.

Además de estos factores, hay problemas físicos que los complican:

  • En ellas: la pérdida de estrógenos produciendo disminución de la libido (deseo sexual) y sequedad o pérdida de elasticidad vaginal, lo que puede llevar a sensación de ardor, dolor o sangramiento durante el acto sexual.
  • En ellos: la disfunción eréctil, en parte asociada a una disminución de la producción de testosterona, es la preocupación más importante. Aunque, en la actualidad, existen fármacos que los ayudan.
  • En ambos: la presencia de múltiples enfermedades, acompañadas del uso de muchos medicamentos para su tratamiento. Estos producen disminución del deseo y cierta ansiedad de que la actividad sexual pudiera ser negativa y agravar la enfermedad. Es frecuente que pacientes con diabetes, hipertensión arterial o depresión noten una disminución de esta.

Es posible ayudarlos, estudiando las causas de las disfunciones sexuales, tanto masculina como femenina, y de esa forma ofrecer una opción terapéutica. Pero no es fácil que ellos quieran referirse a estos temas al momento de consultar a su médico, ya que la mayoría de las veces están acompañados por algún pariente. Es por eso que el especialista debe tener un vocabulario apropiado para hacer las preguntas, y crear un ambiente de confianza, intimidad y privacidad para que así puedan solucionar los problemas en conjunto.

EL  VIH NO PERDONA

Contrariamente al mito de que los adultos mayores no tienen necesidades y deseos sexuales, nos hemos dado cuenta de que ellos están lejos de ser seres asexuados y por lo mismo, son altamente vulnerables al contagio de VIH y de otras enfermedades de transmisión sexual.

Sexualidad en la tercera edad

En su caso, el sida suele pasar inadvertido, pues sus síntomas coinciden con dolencias y molestias propias de la edad como la pérdida de memoria, el cansancio o la disminución del peso. Además, en las personas mayores el VIH/sida se manifiesta distinto que en los jóvenes, mientras en estos últimos son características la dermatitis, la neumonía y la tuberculosis, en los ancianos una manifestación común es la demencia, diagnosticándoseles erradamente Alzheimer y no VIH. También el deterioro físico a esa edad suele asociársele a un proceso propio del envejecimiento, por lo que comúnmente se les detecta el virus tardíamente, cuando ya está en fases muy avanzada.

A pesar de que con los años el tema se ha puesto en la palestra, ellos aún se sienten discriminados y olvidados, sobre todo en las campañas de prevención de estas enfermedades y de la publicidad de los métodos de prevención.