Son numerosas las investigaciones que hacen referencia a la gran importancia de la vitamina D para el correcto funcionamiento del organismo humano. Es de público conocimiento que se trata de una aliada valiosa en lo que respecta al control de enfermedades crónicas, sin dejar de mencionar que resulta esencial en la formación de los huesos. No obstante, cabe señalar que estudios recientes han descubierto otros beneficios que demuestran que esta sustancia hace mucho más por el organismo de lo que se creía.

La vitamina D ayuda a adelgazar, fortalece el sistema inmunológico y auxilia tanto en la prevención como en el tratamiento de dolencias crónicas (como por ejemplo diabetes, hipertensión o esclerosis múltiple). Por este motivo, son cada vez más los médicos que solicitan a sus pacientes el incremento de esta vitamina. A continuación, describiremos las maneras para intensificar su incorporación al organismo.
La carencia de vitamina D se relaciona con la aparición de cáncer de colon, recto, mama y ovario, entre otros. Se descubrió que regula más del tres por ciento del genoma humano, razón por la cual interviene en múltiples funciones del organismo (desde la humanidad hasta el equilibrio de la presión arterial). Tal como mencionamos anteriormente, en la actualidad se administra esta sustancia para tratar patologías como la diabetes, la hipertensión, las enfermedades autoinmunes e incluso el cáncer.

No es ninguna novedad que la única posibilidad que tiene el organismo de sintetizar vitamina D es a través de la exposición solar. Los especialistas recomiendan tomar sol sin filtro en ciertas zonas específicas (brazos y piernas, por ejemplo), aproximadamente treinta minutos diarios. Sin embargo, muchos médicos prefieren prevenir el cáncer de piel. Por esta razón, aconsejan exponer los brazos al sol durante quince minutos tres veces por semana y usando siempre el protector solar.

La importancia del sol y la vitamina D
Por otro lado, cabe señalar que la vitamina D se encuentra en los alimentos de origen animal, en forma de colecalciferol. También está contenido en algunas verduras y legumbres en forma de ergocalciferol. Las mejores fuentes de esta sustancia son los pescados grasos de agua fría (tales como el salmón, el atún, la caballa, las sardinas o la anchoa), sin dejar de lado que la yema de huevo, la manteca y el hígado la contienen en pequeñas cantidades.

Es importante considerar que el sol puede ser sumamente perjudicial para la piel cuando las personas se exponen a los rayos de forma excesiva. Sin embargo, la falta de vitamina D también trae numerosas consecuencias negativas para el organismo. Por este motivo, sugerimos tomar sol sin filtro en cantidades reducidas de tiempo y sólo en determinadas partes del cuerpo (como por ejemplo los brazos).

También puedes optar por un suplemento vitamínico, debido a que los alimentos antes mencionados sólo aportan un veinte por ciento del requerimiento diario.